Urbanismo táctico, una propuesta para optimizar la fragmentación de Antofagasta

Arquitecta María José Ramírez Ljubetic.

La capital regional enfrenta un desfase crítico entre la planificación pública y el crecimiento demográfico. La arquitecta María José Ramírez Ljubetic propone un cambio de paradigma: transitar desde el desarrollo inercial hacia una gestión urbana basada en datos, inteligencia artificial y soluciones modulares. La viabilidad de la infraestructura verde en el desierto, el uso de herramientas satelitales para el control territorial y la ingeniería social para integrar las periferias definen la nueva hoja de ruta para la zona.

 

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En síntesis, hoy el desarrollo inmobiliario responde principalmente a dinámicas de mercado, y el desafío es avanzar hacia un modelo que equilibre rentabilidad con integración urbana y social real, incorporando no solo buena localización, sino también calidad, transparencia y responsabilidad en su ejecución”, expresó la multifacética profesional reconocida por su talento asociativo para la industria creativa y cultural de la Región de Antofagasta.


¿Cómo arquitecta cuál sería tu diagnóstico urbano de la ciudad de Antofagasta?

Antofagasta es una ciudad con un potencial territorial enorme, pero con una brecha importante entre ese potencial y su desarrollo urbano actual. Existe una fragmentación espacial evidente, donde conviven sectores con alto estándar urbano y otros con déficits significativos en espacio público, equipamiento y conectividad. Más que una ausencia de planificación, lo que se observa en muchos casos es una coordinación  tardía. Existen proyectos que se diseñan con buenas intenciones e incluso con participación ciudadana, pero cuyos tiempos de gestión —especialmente en el ámbito público— son tan extensos que terminan quedando desfasados.

Imagen referencial realizada con IA. Elaboración propia.

Procesos que pueden tardar años en ejecutarse hacen que, cuando finalmente se materializan, el contexto ya cambió: los territorios evolucionaron, las necesidades son distintas y muchas veces la comunidad ya no se siente identificada con esas decisiones iniciales. En ese contexto, metodologías como el urbanismo táctico y el diseño incremental aparecen como herramientas muy valiosas, ya que permiten probar, ajustar y validar intervenciones en el corto plazo, antes de su ejecución definitiva. Esto no solo reduce el riesgo de error, sino que mantiene activa la participación ciudadana y permite que los proyectos se adapten a las necesidades reales del territorio en tiempo real.

Además, cuando uno tiene la oportunidad de viajar o estudiar otros modelos urbanos, se hace muy evidente que el desarrollo de una ciudad no pasa solo por crecer, sino por cómo se estructura ese crecimiento. Por ejemplo, la importancia de sistemas de transporte público eficientes, redes de ciclovías bien integradas, espacios públicos de calidad y algo fundamental en ciudades como Antofagasta: la sombra.

En ese sentido, el desafío hoy no es solo planificar, sino planificar, testear y ejecutar en tiempos pertinentes, para que las soluciones respondan realmente a las necesidades actuales de la ciudad. Antofagasta tiene una identidad muy fuerte, marcada por el desierto, el mar y su cultura diversa. El gran desafío es transitar desde una ciudad que crece hacia una ciudad que se diseña, poniendo en el centro a las personas, la calidad de vida y la equidad urbana.

¿Cómo evalúas la expansión de la ciudad con su geografía: borde costero v/s cerros?

Soy una enamorada de Antofagasta y de su geografía. El contraste entre el desierto y el mar es único, y la pendiente natural de los cerros permite que gran parte de la ciudad tenga una relación visual privilegiada con el paisaje. Ese es un valor urbano muy potente que pocas ciudades tienen.

Sin embargo, al hablar de expansión, es evidente que ha faltado planificación y orden desde los inicios. La ciudad ha crecido adaptándose a su geografía más que proyectándose estratégicamente sobre ella.

Un elemento clave en esta fragmentación es la presencia de la línea férrea, que atraviesa gran parte de la ciudad generando durante décadas Miuna barrera urbana que no ha sido trabajada adecuadamente. En lugar de integrarse, se ha transformado en un espacio residual: con escaso tratamiento de suelo, pocos cruces peatonales, déficit de iluminación, ausencia de ciclovías y prácticamente sin paisajismo. Esto provoca que no exista un uso activo del espacio, ni apropiación por parte de la ciudadanía, lo que termina derivando en problemáticas como microbasurales, ocupaciones informales y percepción de inseguridad.

Pero al mismo tiempo, ahí existe una gran oportunidad. Ese eje podría transformarse en un corredor de conectividad urbana, integrando ciclovías, transporte público y espacio público de calidad, permitiendo conectar de mejor manera el borde costero con los sectores altos.

El desafío no es solo crecer entre el mar y los cerros, sino coser la ciudad, transformar sus fracturas en oportunidades y avanzar hacia una estructura urbana más integrada, accesible y equitativa.


Arquitectura Social: diseño enfocado en la comunidad

¿Los proyectos inmobiliarios recientes son coherentes con la integración social?

En términos generales, no necesariamente.

Antofagasta es una de las ciudades con mayor costo inmobiliario del país, y eso, sumado a factores como el valor de la UF y las tasas de interés, hace que el acceso a la vivienda sea cada vez más difícil para una gran parte de la población.

Por un lado, vemos una fuerte inversión en sectores de alta plusvalía, con proyectos bien ubicados dentro de la ciudad, pero con precios que superan fácilmente las 4.500 UF incluso para departamentos de uno o dos dormitorios. Esto limita el acceso a ciertos grupos y tiende a concentrar a un perfil socioeconómico específico en estas zonas.

Por otro lado, los proyectos que apuntan a integración social o que permiten acceder a beneficios habitacionales suelen localizarse en sectores periféricos o con mayores problemáticas urbanas, como contaminación, déficit de servicios o segregación territorial, como ocurre en zonas como La Chimba.

A esto se suma una preocupación relevante respecto a la ejecución de algunos proyectos de vivienda social, donde se han evidenciado casos en que las obras no se terminan en los plazos comprometidos, se paralizan o se entregan con estándares por debajo de lo esperado. Estas situaciones no solo afectan directamente a las familias beneficiarias, sino que también debilitan la confianza en el sistema y en los procesos de desarrollo urbano.

Por lo mismo, es fundamental fortalecer los mecanismos de control, seguimiento y exigencia de calidad en la ejecución de estos proyectos, asegurando que las soluciones habitacionales cumplan realmente con las condiciones de dignidad, seguridad y calidad que las personas necesitan.

Además, también es importante abordar de manera seria el fenómeno de las tomas de terreno, ya que la vivienda debe ser parte de una planificación urbana formal, donde las familias puedan acceder a soluciones habitacionales dignas, pero también sostenibles en el tiempo y en el territorio.

En síntesis, hoy el desarrollo inmobiliario responde principalmente a dinámicas de mercado, y el desafío es avanzar hacia un modelo que equilibre rentabilidad con integración urbana y social real, incorporando no solo buena localización, sino también calidad, transparencia y responsabilidad en su ejecución.

¿Cómo hermosean la ciudad los murales y cómo potencia el trabajo colectivo?

Las intervenciones urbanas, y en particular los murales, son mucho más que una acción estética: son un pretexto para activar la comunidad. A través de estos procesos se genera cohesión social, participación y empoderamiento ciudadano, lo que permite que las mejoras en el espacio público no sean solo temporales, sino sostenibles en el tiempo.

Para que un mural tenga sentido, debe representar a quienes habitan ese espacio. Cuando se incorpora a la comunidad en el diseño y la ejecución, no solo se construye una obra, sino también identidad, educación y sentido de pertenencia.

En nuestro caso, trabajamos siempre con mano de obra local, integrando a vecinos y vecinas del barrio. Esto permite no solo ejecutar el proyecto, sino también dejar capacidades instaladas, generar lazos inter generacionales y dejar recursos dentro del territorio, lo que fortalece el impacto a largo plazo.

Además, al hacer parte a la comunidad del proceso, los espacios intervenidos se cuidan más. Si bien pintar no resuelve por sí solo los problemas estructurales del espacio público, sí genera algo muy importante: orgullo, apropiación y una nueva relación con el entorno, tanto en niños como en adultos.

Muchas de nuestras intervenciones participativas también se acompañan de jornadas de limpieza, lo que nos ha permitido recuperar espacios que antes eran focos de basura y transformarlos en lugares activos dentro de la ciudad.

Creo firmemente que este tipo de iniciativas siempre son positivas. Y como antofagastina, me alegra ver cómo cada vez más artistas locales se motivan a intervenir la ciudad, aportando con trabajos de calidad que enriquecen el espacio público y la vida urbana.

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Antes y después. Gran foco de basura erradicado.

¿Cuál es el objetivo de tu línea creativa y social en Love Art?

Mi línea creativa y social nace desde una visión integral de lo que significa aportar a la ciudad.

Por un lado, está Lovart, que es una fábrica de ropa deportiva y estudio creativo, donde buscamos desarrollar productos de alta calidad desde Antofagasta, poniendo en valor la producción local, el diseño y la identidad. También incorporamos un enfoque sostenible, trabajando en la medida de lo posible con la separación de residuos y promoviendo prácticas más responsables dentro de la industria.

Además, colaboramos activamente con clubes deportivos, entendiendo que el deporte cumple un rol fundamental en la formación, la vida sana y la construcción de comunidad.

Pero este trabajo no se queda solo en lo productivo. También hay un compromiso personal con la educación, la cultura y el desarrollo local. Desde el año 2019 realizo clases para estudiantes, donde abordamos arquitectura, emprendimiento y muralismo, fomentando la creación de proyectos participativos vinculados a los desafíos actuales, como los Objetivos de Desarrollo Sostenible y la innovación.

Y en esa misma línea, junto a un equipo comprometido, creamos la Fundación Acupuntura Urbana, con el objetivo de recuperar espacios públicos a través de la participación ciudadana, la educación y el arte, generando impacto real en los territorios.

En el fondo, todo este trabajo responde a una misma motivación: aportar al desarrollo de Antofagasta desde la creatividad, el diseño y el compromiso social, integrando distintas disciplinas para generar un impacto positivo y sostenible en la ciudad.

Finalmente, dejo abierta la invitación a instituciones públicas, privadas y empresas locales que quieran aportar al desarrollo urbano, la educación cívica y la cultura, a trabajar en conjunto con nosotros, entendiendo que la construcción de ciudad es una tarea colectiva y que el impacto es mucho mayor cuando se articulan esfuerzos.


Smart City, Antofagasta y su potencial para estructuras verdes y grises

¿Qué rol juegan las tecnologías digitales en la planificación?

Las tecnologías digitales cumplen un rol cada vez más relevante en la planificación urbana, principalmente porque permiten tomar decisiones basadas en datos reales y no solo en supuestos. Por ejemplo, el año pasado tuve la oportunidad de conocer el trabajo de Andrés Briceño, quien desarrolló una inteligencia artificial capaz de identificar basurales informales a partir de imágenes satelitales. Este tipo de herramientas, que ya se están explorando en Antofagasta en conjunto con el gobierno regional, permiten visualizar problemáticas que antes eran difíciles de cuantificar y abordar de manera eficiente.

Así como ese caso, hoy existen múltiples tecnologías —sensores, monitoreo ambiental, análisis geoespacial— que permiten medir variables como niveles de ruido, contaminación o uso del espacio público. Esto abre una oportunidad enorme para planificar ciudades de manera más precisa y estratégica.

En el caso de Antofagasta, por ejemplo, sería muy interesante avanzar en la incorporación de tecnología para mejorar el transporte público, como sistemas que permitan identificar la ubicación de la flota en tiempo real y estimar tiempos de llegada en los paraderos. Esto no solo mejora la experiencia de los usuarios, sino que también permite ordenar y formalizar el sistema de transporte.

De todas formas, es importante entender que la tecnología no es el objetivo final, sino una herramienta. El verdadero desafío está en cómo esa información se traduce en mejores decisiones urbanas y en una mejor calidad de vida para las personas. Es un campo muy interesante y con mucho potencial, pero en el que todavía tenemos bastante por avanzar.

¿Es posible desarrollar estrategias de infraestructura verde en Antofagasta?

Sí, absolutamente. No solo es posible, sino que es una necesidad para mejorar la calidad de vida en la ciudad.

Antofagasta cuenta con múltiples espacios que son muy adecuados para desarrollar estrategias de infraestructura verde. Un caso evidente es el eje de la línea férrea, que hoy funciona como un espacio residual, pero que podría transformarse en un corredor verde urbano.

Intervenir este tipo de espacios permitiría ordenar el territorio, mitigar problemáticas como el polvo en suspensión y el ruido, y al mismo tiempo generar un aporte significativo en términos de paisaje y bienestar, convirtiéndose incluso en un “pulmón verde” para la ciudad.

Por otro lado, es fundamental entender que la infraestructura verde en Antofagasta debe responder a su contexto desértico. No se trata de replicar modelos de otras ciudades, sino de trabajar con especies locales o de bajo consumo hídrico, que además puedan aportar sombra y confort térmico, elementos clave en nuestro clima.

Incorporar vegetación estratégica en espacios públicos, junto con soluciones como sombreaderos, pavimentos adecuados y diseño urbano consciente, permite avanzar hacia una ciudad más habitable y resiliente.

En ese sentido, la infraestructura verde no es solo un tema estético, sino una herramienta concreta para enfrentar desafíos ambientales, urbanos y sociales de manera integrada.

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