Café tipo Oro de La Sirenita
Había sido un mes complicado.
La cuenta de la luz salió más alta. El agua también decidió sorprenderme. Y para completar el festival financiero, mi ropa sufrió un accidente gatuno del tipo “mejor no preguntes”. Resultado: varias prendas quedaron oficialmente fuera de servicio y terminé comprando ropa nueva, mucho más de lo habitual.
En medio de todo ese escenario económico digno de documental, seguí manteniendo uno de mis rituales diarios: pasar a comprar mi café americano al local de la sirenita.
Pero ese día fue distinto.
Pedí el café, acerqué la tarjeta… y sentí dolor emocional. Hasta me dolió la propina sugerida (que nunca la he entendido, ya que hago una fila, espero mi turno, pido por mesón, espero a que me griten el nombre y sin ser atendida a la mesa debo dejar un extra del 10%).
Ese momento dio pie para realizar una suma mentalmente. El cerebro hace cosas peligrosas cuando anda cansado y endeudado.
Entonces me pregunté:
¿Cuánto dinero estoy gastando realmente en café?
La respuesta fue brutal.
Si un americano cuesta cerca de $4.700 y compro uno diario, el gasto anual supera fácilmente el millón de pesos, 1.128.000 para ser exacta. Ahí empecé a considerar con otros ojos una cafetera de filtro sencilla que había visto hace un tiempo.
Hice los cálculos.
Comprando mi propia cafetera, usando buen café molido y preparando el café en casa, el costo por taza bajaba a aproximadamente $400 o $500.
¿La diferencia anual?
Un ahorro de $1.008.000.-
Un millón ocho mil pesos.
El sueldo mensual de muchas personas. Un viaje. Un computador nuevo. O simplemente tranquilidad financiera con aroma a café recién hecho.
Y lo mejor de todo es que preparar café en casa tiene un pequeño placer inesperado: puedes ir cambiando las marcas, probar cafés distintos, jugar con intensidades, mezclas y aromas. Un día colombiano, otro brasileño, recomiendo 100% el peruano, después uno más intenso para sobrevivir reuniones eternas o uno suave para esas mañanas donde el alma todavía no despierta.
Descubrí que no solo estaba ahorrando.
También estaba convirtiendo el café en una experiencia más entretenida.
Así iba pensando en todos estos cálculos, en el ahorro anual, en mi futura cafetería doméstica y en cómo me estaba transformando lentamente en una señora que compara precios de café molido…
…cuando tropecé un poco.
Y mi café de la sirenita salió volando.
Se desparramó completo.
Hoy me dolió pagarlo.
Pero más me dolió pagarlo dos veces.