Los Tips de La Perla: El secreto detrás de un buen frasco de miel
Hace unos días andaba recorriendo el Valle del Elqui cuando entré a un local llamado Reines du Miel. No sé si alguna vez les ha pasado, pero hay productos que una prueba y de inmediato entiende que no son iguales al resto. Eso me ocurrió con su miel. Era tan rica que daban ganas de comérsela a cucharadas. Mientras elegía algunos frascos me encontré pensando en algo curioso: ¿por qué siempre busco buena miel? La respuesta me llevó varios años atrás.
Cuando era más joven estudié durante dos años en Santiago. Compartía un pequeño departamento con mi amiga Luz Clarita. Era una de esas amistades que terminan convirtiéndose en familia cuando una está lejos de casa.
Ese invierno fue particularmente frío y, como suele pasar cuando una cree que es más resistente de lo que realmente es, terminé resfriada.
Pero no era un resfrío cualquiera.
Era de esos que vienen acompañados por una tos seca y descontrolada. Una tos que empieza tímidamente y luego parece tomar vida propia. Tosía tanto que me dolían los músculos del abdomen. Llegó un momento en que cada ataque de tos era una batalla.
Una noche la situación se volvió insoportable. No dormía yo. Y tampoco dormía Luz Clarita.
Entre sueños sentí que alguien se sentaba a mi lado. Abrí apenas un ojo y vi la luz de la lámpara encendida. Era ella. Tenía una taza entre las manos.
—Tómatelo en tres sorbos —me dijo—. Y después cierra la boca. No hables. No la abras para nada. Y respira solamente por la nariz.
Yo estaba tan cansada, tan adolorida y tan molesta por la tos que ni siquiera discutí. Simplemente obedecí.
Tomé la taza. Tres sorbos. Cerré la boca. Y seguí sus instrucciones.
Lo que ocurrió después me pareció un milagro.
La tos se calmó. No desapareció por completo, pero se tranquilizó lo suficiente para que pudiera volver a dormir.
Al día siguiente desperté mucho mejor.
Esa noche la tos quiso regresar. Entonces fui directamente donde Luz Clarita.
—¿Qué era eso que me diste? —le pregunté.
Y ahí me reveló el secreto.
Dos limones exprimidos a mano, ayudándose con un tenedor. Una cucharada bien colmada de miel de abejas. Y una cucharadita de aceite.
Primero había que mezclar el jugo de limón con la miel. Para obtener mejores resultados, me recomendó calentarlo unos 45 segundos en el microondas y volver a revolver bien. Después se agregaba la cucharadita de aceite.
Se toma tibio. En tres sorbos. Y luego se mantiene la boca cerrada para que no entre aire frío.
Suena completamente a receta de abuelita. Lo sé.
Pero a mí me funcionó.
Y no solo a mí.
Con los años esa preparación se transformó en una especie de primera línea de defensa familiar. La he preparado para hijos, padres, sobrinos, familiares y amigos cuando aparece esa desagradable tos seca que no deja dormir a nadie. Cada vez que alguien comienza con esos ataques de tos interminables, inevitablemente aparece la pregunta:
—Perla, ¿te acuerdas de la receta de la miel?
Y ahí voy nuevamente con los limones, la miel y la cucharadita de aceite.
No voy a decir que sea una cura milagrosa ni reemplaza una consulta médica cuando corresponde, pero sí puedo decir que en mi familia se ha ganado un lugar de respeto. Más de una noche nos ha ayudado a pasar esos resfríos molestos con algo más de tranquilidad.
Por eso, cada vez que encuentro una buena miel, me entusiasma tanto comprarla. No veo solamente un ingrediente. Veo una pequeña reserva de alivio para esos días en que la garganta comienza a picar y la tos anuncia su llegada.
Así que en el Valle del Elqui no pude resistirme. Compré dos frascos. Me fui feliz.
No solo porque encontré una miel extraordinaria, sino porque sentí que volvía a casa con un viejo aliado.
Y mientras escribo esta columna, uno de esos frascos descansa en mi cocina. Esperando.
Porque si algo me enseñó Luz Clarita hace años, es que algunas de las mejores soluciones de la vida no vienen en envases sofisticados ni en recetas complicadas.
A veces llegan en una simple taza tibia preparada por una amiga que no podía dormir por culpa de tu tos.
Y créanme, cuando esa tos aparece en mi familia, seguimos agradeciendo aquella noche en Santiago.