Multivitamínico, pero con mesura.
Nunca he sido muy fanática de esas recetas “milagrosas” que prometen cambiarte la vida en tres días. Pero sí creo en esos datos simples que alguien te comparte casi en secreto y que terminas incorporando porque realmente te hacen sentir bien.
Esta mezcla la conocí conversando una mañana cualquiera. Sonaba extraña, especialmente por la betarraga, pero decidí probarla igual.
La receta era simple:
1/3 de jugo de naranja
1/3 de jugo de zanahoria
1/3 de jugo de betarraga
Todo bien frío y recién preparado.
La verdad es que durante varios días me sentí increíble. Más liviana, con energía, despierta desde temprano y hasta con mejor ánimo. Me estaba convenciendo de que había descubierto el secreto ancestral de la vitalidad.
Hasta que un día fui a una reunión de trabajo.
Mientras hablábamos, una colega no dejaba de mirarme raro. Yo pensé que quizá estaba cansada o distraída, pero después de varios minutos finalmente se atrevió a preguntarme:
—Perla… ¿te sientes bien?
Le dije que sí, incluso le comenté orgullosa mi nueva mezcla energética de jugos.
Entonces vino el silencio incómodo.
—Es que tienes la cara medio morada… como tono oliva.
Desde ese día entendí que quizá me entusiasmé un poco demasiado con la betarraga.
Igual sigo pensando que la mezcla es buenísima, revitalizante y rica. Solo aprendí que, como casi todo en la vida, incluso las cosas saludables necesitan un poquito de equilibrio y mesura.